Confesiones

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Cuando me levanto saludo con un “Buen día” a la Virgen.

Todas las mañanas termino mi baño con agua fría, no menos de un minuto. Me hace sentir fuerte.

Mientras me lavo los dientes pienso en que tengo que ir al dentista, nunca lo hago.

Antes tomaba todos los días café de cápsula. Ahora solo pongo dos cucharadas de café instantáneo en una taza y agua hirviendo. Dejé el azúcar.

Tengo la capacidad de vivir con lo que hay y como no voy al supermercado, cada vez hay menos. Lo disfruto.

Siempre desayuno dos tostadas, pueden ser con CasanCrem o con miel del Viejo.

Acaricio las plantas y cuando las veo un poco secas les pido perdón; al día siguiente están verdes de nuevo.

Hablo con el auto.

Cada vez que corro pienso como hice para correr dos maratones. En algunas canciones voy tocando la batería en el aire. A veces, grito.

Cada dos o tres kilómetros levanto los dedos hacia arriba y miro al cielo. Le estoy dedicando una canción a alguien.

Cada vez que miro una chata isleña que navega por el río anhelo escribir un libro sobre historias de marineros. Las que escribí son malas.

Hay veces que corro el último kilómetro a más de 200 pulsaciones y debajo de los cuatro minutos. Siempre pienso que es una linda forma de morir, nunca muero.

Todos los días saludo al encargado del edificio: “Antonio, ¿cómo va eso?” Nunca escucho su respuesta.

Amo viajar en tren. Me inspira y tengo mi bloc de notas del teléfono lleno de renglones sin sentido.

Cuando camino por el pasillo de un tren a veces hago eye contact con alguna mujer y me invento una historia. Siempre termina mal.

Una vez por día le mando un “te extraño” a un amigo.

Soy demasiado sensible.

Cuando pateo un tiro libre o un penal le pido a Pablito que me ayude. Ojalá nunca se muera tu mejor amigo a los quince años. Duele.

A veces me culpo por demás por las cosas que no fueron.

Subo al blog el 10% de las cosas que escribo. Me pesa la mirada de los demás.

Reflexiono sobre la vida con mi perro. Le pregunto cosas. A veces contesta.

Sueño con correr un Ironman.

Siempre digo que voy a morir de pendejo. Ya tengo 30 años.

Aprendí de los presos la simpleza del hombre.

Los mates que tomo en la cárcel tienen todo el azúcar que no uso en la semana.

Me encanta generar conversaciones profundas. Me da miedo no tener con quién tenerlas el día de mañana.

Tengo tatuado un barco en alta mar. Significa libertad.

Cuando le pregunto a alguien cómo está y me dice “bien” pero no me responde “¿Y vos?” le contesto “Yo muy bien, gracias”. Se ríe.

Vivo intensamente. A veces me agoto de mi mismo, pero me quiero.

Estoy hace años en un proceso de matar mi egocentrismo. No puedo.

No me gusta que me tiren flores. Cuando no lo hacen me ofendo.

Me gusta tener el control de todo, más aún en las relaciones. Lo trabajo en terapia. Una vez me dijeron, “yo te doy el control, apretá los botones que quieras. Total no tiene pilas”. Me emocioné.

Me repito diariamente una frase de Jesús que dice “Vivan como niños”. Me considero un chiquito para muchas cosas.

Soy bueno negociando. Soy malo cediendo.

Me gusta dar sorpresas y buenas noticias.

Soy de las personas más cagonas del mundo. De chico le tenía miedo a mi Ángel de la guarda.

Suelo ser el centro de las reuniones. Aprendí a disfrutar cuando no lo soy.

Dejo hablar a las personas, me gusta escuchar. Quizás haya una historia que contar.

Me considero infinitas veces mejor persona que hace unos años. Me fascina meterme para dentro.

Si me gustara estudiar, estudiaría psicología.

Escucho música desde que tengo uso de razón. Canto en voz alta más de una vez por día.

Siempre digo “Qué linda es la vida”. Es porque lo siento. Soy un agradecido.

Vivo con un Rosario en el bolsillo. No rezo todas las noches ni voy a misa todos los domingos. Cada vez que me subo a un avión me arrepiento.

Me siento más cómodo en una cárcel que un palacio.

Soy muy exigente conmigo mismo. Lamentablemente con los demás también.

Me gusta viajar solo y sentirme libre pero hasta en una moto caben dos.

No debería subir esto al blog pero muchas veces me cago en lo que dicen los demás.

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